lunes, 29 de mayo de 2017

CHRIS CORNELL (1964-2017) SOUNDGARDEN

DOWN ON THE UPSIDE (1996)

Una noticia tan triste como ha sido la pérdida del genial vocalista de Seattle (Washington), Chris Cornell, ha sido la que ha despertado del letargo a este abandonado blog mío. Con la excusa de rendir homenaje a uno de mis artistas favoritos de la adolescencia, retomo actividad con el pesar de la razón causante, puesto que tenía por ahí a medio hacer un post sobre Lee Moses que queda aparcado hasta nueva orden para dar prioridad a estas líneas. Pasada una semana desde el anuncio de su muerte y seis días desde que se informó de las circunstancias, solo me invade la pena. Me encantaba Soundgarden y me ilusionaba ante la esperanza cada vez más real de ver un directo de ellos ahora que habían vuelto al redil, pero una vez que el bueno de Chris Cornell tomó la drástica decisión de acabar con su vida al parecer por culpa de los terribles efectos secundarios derivados de un fármaco con el que trataba una depresión, este sueño se ha esfumado, aunque ese sea el menor de los problemas. Nunca más volveré a escuchar su brillante y personal voz formando parte de algo nuevo, como de vez en cuando hacía, ya fuera publicando en solitario, colaborando en algún proyecto como en su momento hizo con la banda sonora de 'Casino Royale', uno de los últimos títulos de la saga James Bond, o involucrándose con los miembros de Rage Against The Machine (a excepción de Zach De La Rocha) en aquella aventura llamada Audioslave, igual que se extingue la ilusión ya de por si complicada de un regreso con los efímeros Temple Of The Dog.

Confieso que me noto oxidado, como si se me hubiera olvidado expresarme a través de las letras, pero la verdad es que tampoco creo que eso sea un problema, porque no quiero hacer un repaso a la vida y milagros del malogrado artista y tampoco hacer algo redundante comentando las causas de su muerte, en realidad lo que me apetece es reivindicar su legado y recuperar para la memoria algo de lo bueno que creó, como hice en su día con 'Superunknown', el álbum más emblemático de la que fue su banda principal, y es por eso que recurro a su sucesor, este genial 'Down on the upside' que a la postre significó su último trabajo antes de tomarse un hiato como formación que duró la friolera de dieciséis años hasta volver a entrar al estudio de grabación para componer 'King animal', su obra póstuma como grupo.Fue este un cancionero muy notable a mi parecer, que sin embargo no cosechó los mismos parabienes que su antecesor. El quinto plástico de larga duración del cuarteto se desmarcaba un poco del sonido grunge en pro de la experimentación trayendo consigo discusiones en el seno de la banda, especialmente entre Cornell y Thayil, porque el primero tiró de galones a la hora de confeccionar el sonido eliminando aquellos riffs deudores de Black Sabbath, algo que no gustó al ejecutor de aquel recurso tan característico en el universo Soundgarden. Aparte veía la luz en un momento cumbre dentro del género y los más puristas seguidores de esta ola dieron la espalda a esta evolución que se sumaba a los vientos de cambio que también se percibían en discos como 'No code' de Pearl Jam y 'Dust' de Screaming Trees.

Para este humilde servidor, ese ligero giro estilístico supuso una bocanada de aire fresco, puesto que siempre pensé que lo estimulante del sonido Seattle, era que primaba la anarquía, la rotura de esquemas establecidos. Las bandas relacionadas con ese movimiento se parecían entre sí lo que un huevo a una castaña y creo todavía que ahí radicaba su encanto, 'Superunknown' me había parecido una bomba, una obra redonda, revolucionaria, tan parejo como opuesto a lo ofrecido en 'Badmotorfinger', pero lo curioso es que ya había tenido esa sensación con un buen puñado de discos de esa índole ('Nevermind', 'Versus', 'Mellon collie & the infinite sadness'...), así que en cuanto tuve conocimiento de que había material nuevo, bajé a la ciudad para comprarme la cassette (como ya sabéis los habituales de este blog, tardé siglos en tener reproductor de cd, cosas de la escasez económica adolescente). Salí de Discos Linacero con una sonrisa de oreja a oreja y desde allí fui directo al autobús de línea que va de Zaragoza a mi pueblo, ya que mi viaje fue de propio para agenciarme la cinta, y al llegar a casa en vez de escucharlo lo guardé porque al día siguiente comenzaban las fiestas patronales y lo quería escuchar sin distracciones pasado todo el jaleo, pero había una chica que me hacía tilín con la que compartía gusto musical y a las dos noche del comienzo de festejos me propuso traer la musicassette para estrenarla en una escacharrada radio que tenía en su peña. Que curioso, recuerdo todo como si fuera ayer. Fuimos los dos solos y no había nadie allí porque todas sus amigas estaban viendo las vaquillas en la plaza de toros portátil, y fue ponerla a reproducir y entre que con esas edades yo era un melón inseguro y pensaba que era imposible que lo mío por esa muchacha fuera recíproco y que estaba disfrutando la escucha como si estuviera en órbita, no capté ni una sola de las insinuaciones que ella confesó años después haberme hecho esa noche, algo que durante un tiempo me pesó bastante porque nunca más surgió otra ocasión, pero que ahora veo como una anécdota divertida (lo que no se da por algo es), de hecho todavía sonrío cuando oigo estas canciones y viajo mentalmente allí e incomprensiblemente sigo quedándome con la satisfacción de lo vivido aunque no fuera todo lo idílico que pudo haber sido. El disco me gustó tantísimo y me entró tan bien de primeras que en realidad no requería añadido alguno.

Cierro los ojos y me veo sentado en el sofá aterciopelado verde de reposabrazos destripado que tenían en aquella caseta con olor a cerveza y mugre, mientras suena "Pretty noose", que al segundo se convirtió en mi pieza favorita del lote y pasadas las semanas y exprimidas las escuchas, mi predilecta de su discografía. Ese corte inicial era una vuelco a sus códigos una exclamación a viva voz que mostraba una identidad de firme convicción, tenía unos efectos sonoros imposibles en el buen sentido, una melodía y una coralidad magistrales, pero digamos que era la guinda del pastel, porque el minutaje estaba repleto de direcciones opuestas, momentos acelerados, contención luminosa, pasajes tristes con explosiones de pundonor, todo en el interior de temas tan poderosos como "Rhinosaur", donde seguía presente ese querer por clásicos como Led Zeppelin o Jethro Tull, pero con un estribillo músculo que daba pie a un solo de guitarra a lo Jimi Hendrix que queda para la posteridad en su adaptación al rock de fin del milenio, "Zero chance", una pieza que bien pudo haber sido un descarte de Temple Of The Dog o un obsequio de sus amigos de Pearl Jam, una de esas canciones que se tornan imprescindibles, "Dusty", un maremoto de emociones con una base rítmica apasionante y unas estrofas deliciosas, "Ty cobb", que empieza tímida pero rápidamente se erige en el trallazo punk-rockero de la banda por excelencia, arrimando el morro al redneck y al cowpunk de un Jason Ringenberg o unos Supersuckers, "Blow up the outside world", un precioso medio tiempo que encajaría en el ideario de los Red Hot Chilli Peppers más recientes y que fue escogida como single con un vídeo dirigido por Gerald Casale, bajista de Devo, "Burden in my head", tal vez la pista más fiel al estilo del grupo y una de las más populares de su historia, "Never named", donde nuestro homenajeado a título póstumo se luce como nunca, "Applebite", funesta, hipnótica, como si Ozzy Osbourne y Tony Iommi, les hubiera dado un curso express sobre como adormecer el riff hasta el tuétano, "Never the machine forever", enésimo baluarte, un vendaval envolvente capaz de llevarse toda emoción consigo, "Tighter & tighter", deslumbrante instrumentación que vuelve a tirar de esa esencia blacksabbathiana, y así hasta completar dieciséis temazos como dieciséis soles, que tampoco es plan de comentarlos todos.

Matt Cameron (actual batería de Pearl Jam y anteriormente en Temple Of The Dog, Skin Yard, Hater, Ton Dogs, Wellwater Conspiracy, Ten Commandos y Harrybu McCage), Kim Thayil (que también ha pasado por Probot y No WTO Combo) y Ben Sheperd (como su compañero miembro de honor en su día de Hater y Wellwater Conspiracy, amén de pieza imprescindible de March Of Crimes, Tic Dilly Row, HBS y 600 School, y colaborador de Mark Lanegan), con la colaboración del productor Adam Kasper al piano en el noveno corte del disco, acompañaron a magistral vocalista, guitarrista, compositor  Christopher John Boyle, conocido ya por los siglos de los siglos como Chris Cornell. DEP.

https://www.youtube.com/playlist?list=PL744F68A1F1836E51

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